lunes, 31 de octubre de 2011

Rose & Jack

Ella estaba aferrada a ese sueño. El era todo lo que alguna vez quiso.
Cada vez que viajaba, Rose observaba por la ventana y las imágenes se sucedían unas a otras con el compás de la música que sonaba. Una esperanza en su interior le daba la certeza de que lo encontraría, en el momento menos esperado.
Ella deseaba cada día verlo, que conversaran, y eso nunca sucedía.
Cuando menos lo pensaba, caminaba por las calles de aquella ciudad que conocía como la palma de su mano, obsevando como se encendían los faroles y la noche aparecía. Al voltear lo vió. Lo primero que pensó fue "Que loco, cuando menos lo pensé, lo desee, lo esperé, apareció". Ambos caminaron. Riendo como siempre, haciendo bromas uno sobre el otro, jugando al mismo tiempo, se enamoraron.
Rose sabía que el era el indicado. Lo sabía como lo supo la primera vez que vió sus ojos reflejados en los suyos, como la primera vez que sus manos tocaron las de ella, desde el primer roce, hasta el primer beso.
Un camino que los unió poco a poco.
Al llegar a su casa, Rose apagó las luces y sigilosamente se dirigió a su cuarto. Mirando por la ventana aquella blanca luna que brillaba en lo alto del cielo, suspirando, dijo: "Esta noche fue maravillosa".
Se acostó en su cama, con sus manos por debajo de su cuello, mirando el techo de la habitación. Tan solo podía pensar en ese momento, en lo que sintió cuando lo vio de pié ahí, lo que sintió cuando Jack la tomó de la mano, el sabor de sus labios, el calor de sus brazos, y ese recuerdo que permanecería en su corazón, por siempre.

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